Como ya comenté en otra entrada, el día 30 de julio en el municipio de Sierra de Bagadó, Chocó (Colombia) se produjo un fenómeno sorprendente e insólito conocido como “lluvia de sangre”.
No es el único caso de lluvia roja o lluvia de sangre que se ha registrado ya que en el año 2001, en el estado de Kerala (India) se registraron precipitaciones entre los meses de julio y septiembre de una extraña lluvia roja. La primera explicación que se dió fué que la coloración se debía a la arena del desierto, tal y como a veces se produce en ciertas zonas del sáhara.
En concreto no se ha llegado a ninguna conclusión, pero se cree que pudiera ser algún tipo de alga. Se calcula que cayeron unas 50 toneladas de esta substancia.
Las opiniones son muchas y diversas. Para el experto en meteorología Antonio Vallejo, si es posible una “lluvia de sangre” tal como fue presentado en forma apocalíptica por parte de un sacerdote de Bagadó Chocó, quien afirma que en zona rural de ese municipio se dio el fenómeno.
Otros, en cambio, se dan en trombas que avanzan desde el mar ríos o grandes lagos y al “chupar” animales de todo tipo pueden tener registros de sangre tal como se explico desde allí.
Aunque , en realidad, hay “explicaciones” para todos los gustos:
Sangre de pájaro. El 15 de mayo de 1890, en la localidad calabresa de Messignadi, (Italia) cayó una lluvia roja, que fue identificada por los laboratorios de Salubridad Pública de Roma como sangre fresca. Así lo contaron en Popular Science News, según relataba Charles Fort -el mayor coleccionista de fenómenos anómalos de la historia- en “El libro de los condenados”: “La explicación más válida de este terrorífico fenómeno es que bandadas de pájaros migratorios (codornices o golondrinas), han sido desmembradas por la violencia del viento”. Forth decía que no se mencionaban vientos violentos, ni apareció con la sangre ni una sola pluma.
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Decía Fort que la explicación con pólenes o polvos y arenas amarillas no era creíble, sino que era material animal. Así, unía estas lluvias a las de ranas, peces y otros bichos, posiblemente caídos desde las naves espaciales…
Carne y huesos. El siglo XIX el fenómeno de las lluvias de sangre o lluvias rojas estuvo muy en auge , y revistas prestigiosas de la época como el American Journal of Science lanzaron la noticia de un chaparrón de “sangre, músculos y grasa animal” en un campo de algodón cercano a Lebanon, Tennessee (EEUU) el 17 de agosto de 1841. El Dr. Troost visitó el terreno y sostuvo que un viento fuerte podría haber elevado partes de animales en descomposición, “y puesto en contacto con una nube eléctrica, ésta le mantuvo en un estado de parcial fluidez o viscosidad”.
Como véis, explicaciones las hay para todos los gustos: Advertencia divina, restos de animales arrancados de la tierra (o del mar) por poderosas fuerzas de la naturaleza, guerras intergalácticas o propagación galáctica de la vida , todas ellas no nos acaban de convencer plenamente y nos dejan una sombra de duda sobre lo que puede ser un fenómeno como éste.













